COVID-19, nuevos hallazgos

A medida que se conocen más datos sobre la enfermedad, se ha descubierto que en algunos pacientes  se producen daños en varios órganos. EFE/EPA/MATTEO CORNER

 

Pero, a medida que se conocen más datos sobre la enfermedad, se ha descubierto que en algunos pacientes también produce daños en otros órganos. Uno de ellos es el corazón. Ángel Cequier, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), indica que la COVID-19 puede afectar al corazón de manera directa o indirecta, aunque esta última forma es la más frecuente.

 

Así, explica que los pacientes con coronavirus que desarrollan una neumonía de una severidad moderada o importante pierden, en parte, la capacidad de oxigenar los diferentes territorios del organismo.

 

ARTERIAS Y EL CORAZÓN

“La mala oxigenación y el estado inflamatorio global inciden en el corazón, sobre todo si éste está afectado porque el paciente tenga una enfermedad cardiovascular subyacente.

 

Pueden provocar, además, afectación de las arterias coronarias, es decir, hacer que una arteria se ocluya de modo que se puede producir un infarto de miocardio”, detalla.

 Una paciente recuperada de COVID-19 hace rehabilitación en el Pabellón Salut Vall d’Hebronde Barcelona donde ayudan a pacientes que después de un largo internamiento y de pasar la enfermedad tienen secuelas graves, como miopatías, un grupo de enfermedades neuromusculares que se traducen en un deterioro del tejido muscular y produce parálisis secundaria por diferentes causas; o atrofia muscular severa por desuso de la musculatura. EFE/Quique Garcia

 

“Asimismo, puede ocurrir que un paciente que tenía una afectación previa del corazón pero que no le limitaba su calidad de vida, al enfrentarse a un escenario agresivo como la infección por coronavirus, se produzca una insuficiencia cardiaca. Estos son los efectos indirectos del coronavirus”, apunta.

 

Por otro lado, el doctor Cequier señala que el efecto directo consiste en que el propio coronavirus puede producir una inflamación muy importante en el músculo cardiaco que se denomina miocarditis. “A veces, también puede provocar un daño difuso en el corazón que se detecta porque se elevan unas enzimas denominados troponinas”, añade.

 

Una vez superada la COVID-19, es posible que queden secuelas si la enfermedad provocó miocarditis, alteraciones en las arterias coronarias o si el corazón quedó afectado. “No sabemos muy bien cómo se van a comportar esas secuelas pues sólo conocemos al coronavirus desde hace unos meses.

Sin embargo, sí tenemos experiencia con otras enfermedades que provocan alteraciones similares y presuponemos que quienes han presentado dichas alteraciones a causa del coronavirus tendrán una evolución similar”, expresa el cardiólogo.

 

APARATO DIGESTIVO.

En las personas con COVID-19, “la afectación del aparato digestivo es relativamente frecuente, dado que el epitelio gastrointestinal parece ser una diana potencial para el virus al expresar la enzima convertidora de angiotensina II (ACE2), principal receptor para este virus”, manifiesta Francisco José García Fernández, especialista de Patología Digestiva (SEPD). El coronavirus se une a la ACE2 y a través de ella consigue entrar en las células humanas y replicarse, de manera que podría decirse que la ACE2 es la puerta de entrada del virus a nuestras células.

 

El doctor García explica que los síntomas gastrointestinales más frecuentes son falta de apetito, diarrea, náuseas, vómitos y dolor abdominal, así como anosmia (falta del olfato) y ageusia (falta del gusto).

“Los síntomas digestivos pueden aparecer sin clínica respiratoria asociada por lo que, en la situación actual de pandemia, deben ser considerados a priori como una sospecha de padecer la infección”, apunta.

“Por los estudios de los que disponemos hasta la fecha, parece que la coexistencia de manifestaciones gastrointestinales y respiratorias podría implicar una mayor gravedad de la enfermedad”, añade.

 

Esta patología también puede afectar al hígado. “Se ha visto alteración de las enzimas hepáticas (transaminasas) en entre el 14% y el 50% de los pacientes con COVID-19. Dichas alteraciones pueden deberse al efecto directo del virus sobre las células del hígado, ya que estas células también expresan el receptor ACE2.

 

Otros motivos son la toxicidad hepática producida por los medicamentos utilizados para tratar la infección y la propia inflamación que provoca la respuesta del cuerpo contra el virus, comúnmente llamada tormenta de citoquinas”, detalla el facultativo.

 

“Parece ser que presentar unos niveles elevados de transaminasas, concretamente la ALT, está relacionado con una mayor gravedad de la enfermedad y puede ser uno de los factores predictores de mal pronóstico.

En la actualidad, hay estudios preliminares que están valorando estos hallazgos. Asimismo, hay estudios en marcha para evaluar la influencia de la COVID-19 en los pacientes con cirrosis, ya que hasta la fecha es desconocida”, comenta.

 

LESIONES EN LA PIEL.

Un estudio llevado a cabo por dermatólogos, en el que se han analizado 375 casos y cuyos resultados han sido publicados en la revista “British Journal of Dermatology”, muestra cinco tipos de manifestaciones cutáneas que corresponden con distintos niveles de gravedad de la COVID-19.

Una de ellas son erupciones similares a sabañones en manos y pies. Se trata de áreas de eritema o coloración violácea, vesículas y pústulas que suelen ser asimétricas. Este tipo de lesiones se detectó en el 19% de los casos, en pacientes jóvenes y en las etapas tardías del proceso. Su duración fue de unos 12 días y estaban asociadas a un pronóstico menos grave.

En el 9% de los casos estudiados se detectaron erupciones vesiculosas, principalmente en el tronco. Consistían en pequeñas vesículas monomórficas, es decir, unas lesiones parecidas a las que salen en la varicela pero en este caso son muy similares entre ellas en cuanto a forma y tamaño.

 

 -Los médicos Miguel Vázquez (i) y Damián Gutiérrez (d) revisan a un paciente con COVID-19 para evaluar la condiciones de sus pulmones, en el Hospital Ángeles, en la ciudad de Tijuana, estado de Baja California (México). EFE/Joebeth Terriquez

 

En algunas ocasiones aparecían en las extremidades y podían tener contenido hemorrágico, agrandarse o diseminarse. Según los datos recogidos, este tipo de manifestación se asocia a una gravedad intermedia, suelen durar unos 10 días y aparece junto a los síntomas generales, en ocasiones antes que ellos.

 

Otro tipo de lesiones son las urticariformes, detectadas en el 19% de los casos. Este patrón se caracteriza por la aparición súbita de habones e inflamación.

Estas lesiones, que suelen producir un intenso picor, se observaron principalmente en el tronco o dispersas por el cuerpo y en algún caso en las palmas de las manos. Quienes las presentaron fueron pacientes más graves y, con frecuencia, aparecieron al mismo tiempo que otros síntomas vinculados a la COVID-19.

 

No obstante, las manifestaciones más frecuentes, encontradas en el 47% de los casos, fueron las máculo-pápulas, unas erupciones formadas por manchas planas y lesiones elevadas, habitualmente dispersas por el cuerpo. Duraron, de media, 8 o 9 días y se observaron en pacientes más graves.

Por último, lesiones como la livedo reticularis y la necrosis se encontraron en el 6% de los casos. Aparecieron principalmente en los pacientes de más edad y más graves. De hecho, en este grupo se registró un 10% de mortalidad. Sin embargo, también se encontró livedo reticularis en algunos pacientes jóvenes con buena evolución de la COVID-19.

Esta lesión consta de unas marcas en la piel que recuerdan a una red, similares a las que se ven cuando hay una exposición mantenida a una fuente de calor.

 

Un enfermo de Covid-19 es dado de alta en Bergamo (Italia) después de 50 días de hospitalización. EFE/EPA/ANGELO CARCONI

 

 

“Este no es un trabajo que haya buscado identificar las causas que están detrás de estos problemas cutáneos. Lo que se ha pretendido en el estudio es categorizar los problemas y describir los patrones para orientar, durante la pandemia, a clínicos, pacientes y autoridades sanitarias, así como para servir de base a futuros estudios. Serán esos trabajos, los que se desarrollen más adelante, los que pueden servir para identificar si la COVID-19 es la responsable directa o indirecta de todas estas manifestaciones cutáneas”, manifiesta la doctora Cristina Galván Casas, miembro del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario de Móstoles en Madrid y una de las coordinadoras del estudio.

Purificación León EFE-REPORTAJES

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