• Al Día en América.

Un viaje al Covid




Este relato es de la experiencia de una persona que se contagió del COVID19. Es un relato íntimo del viaje que millones al rededor del mundo han hecho o han tenido que hacer al contagiarse el virus. Es un viaje en el que aunque pareciera que se está solo, los héroes del campo de salud, las oraciones y pensamientos distantes de familias y amigos y quizás también del espíritu de los que han sucumbido en la pandemia acompañan a todos los que luchan por recuperarse.


RELATO

CONTAGIO

La idea es relatar mi experiencia con la enfermedad, aunque de un modo distinto, porque así como fue sorpresivo, hubo temor, decepción y desesperación, también hubo cosas positivas, lecciones de vida y de agradecimiento, cosas impresionantes e inesperadas.


Sin saber cómo fue el contagio, pues siempre hice lo posible de tomar mis precauciones, distanciamiento, lavado de manos, no asistir a eventos públicos, etc, un día viernes empecé con una tos extraña y muy rápidamente empezó a ser intensa, un cansancio extraño, pero sin fiebre ni otros síntomas.


El día sábado seguía la tos más intensa y más cansancio, al medio día empezó el dolor de cuerpo y caí en cama, me comuniqué con el médico y me envió algunas medicinas para empezar a contrarrestar el malestar, pero éste seguía en ascenso.


Llegó el domingo, día de mi cumpleaños 52 y yo sin ánimos de nada, mi esposa e hija preparando un rico almuerzo y pastel, y no pude…..era algo muy extraño, ya desde el sábado no había comido y seguía sin hambre, ya no contestaba ni el teléfono para recibir las felicitaciones de mi cumpleaños, no me salía la voz, me molestaba la luz y el ruido.


Día lunes me llevaron a una clínica para realizarme la prueba de Covid, salí POSITIVO, podría decir que me asusté, pero no fue así, por una extraña razón o quizás por el mismo malestar, sentía que sería algo pasajero y que llegaría a casa a cuarentena y superarlo….no fue tan fácil.


Por la tarde se me complicó y el médico me volvió a examinar constatando que en efecto mi saturación de oxigeno disminuyó drásticamente, demasiado, entonces nos dijo que era urgente acudir a un hospital para que me pusieran oxigeno…llegue al hospital muy grave y allí empezó una aventura y experiencia terrible.


INGRESO AL HOSPITAL

Al entrar de urgencia me llevaron a un bunker diseñado en el hospital de manera improvisada, precaria, había lo que se podía dado las circunstancias de un sistema de salud que ha sido terriblemente corrupto en mi país. Recuerdo haber entrado y ver las altas medidas de seguridad, gente llorando, quejándose de dolor, ruidos de máquinas y monitores, doctores y enfermeros corriendo, se les veía muy cansados y preocupados, pero brindando su mayor esfuerzo, como héroes, muchos de ellos sin la protección precisa, con sueño, cansancio y unos hasta sin sueldo en ese momento, pero héroes que siempre recordaré, aunque nunca les ví su rostro.


Me volvieron a realizar la prueba y volví a dar POSITIVO, inmediatamente me ingresaron y empezaron a medicarme, me pinchaban muchas veces para sacarme sangre y tomar muestras, hasta perdí la cuenta…..luego perdí el conocimiento quizás por la falta de oxígeno.


Cuando desperté me encontraba en otro lugar del bunker, seguía en ruido intenso, personas quejándose mucho por el dolor, me dí cuenta que aparte de la tos de muchos, el ruido de máquinas era que habíamos aproximadamente 30 personas en el bunker y muchos de ellos tenían escafandras, que emitían ese terrible sonido y juntos era más intenso.


Yo no sabía si era de día o noche, ni cuanto estuve allí, pensé que quizás era 1 o 2 días, pero más adelante mi familia me dijo que fueron 2 semanas, tiempo que una doctora me hizo favor de prestarme su celular para poder hablar con mi familia. Una incertidumbre de saber que había pasado con ellas, sin saber aún cuanto tiempo había estado incomunicado, gracias a Dios ellas salieron negativo de la prueba de Covid, pero sí estaban sumamente preocupadas porque no tenían ninguna noticia mía, nada de información, hasta que recibieron mi llamada, mis únicos 2 minutos que tuve de comunicación después de esas 2 semanas.


Allí empecé a darme cuenta de la gravedad en la que estaba, me di cuenta de los milagros que hacían los médicos y enfermeros para tratar de salvar vidas, de las muchas vidas que se perdieron, hasta perdí la cuenta, personas que veía y al rato ya eran sacados en bolsas, y ver como la humanidad de cada médico y enfermero quedaba casi sin variar, pues no había tiempo de tristeza, aun habían muchos pacientes que los necesitaban con actitud y fuerza, seguían entrando más y el hospital no se daba abasto, la muerte rondaba demasiado cerca.


Los días transcurrían, y era una experiencia terrible, la comida, inyectado a cada momento, ruido, miedo, desesperación, se sumó que porque tenía puesto oxígeno, ya no me dejaban ir al baño, decían que era peligroso y me podía caer, tenía que permanecer en cama, algo muy difícil, pues quería ir al baño, la comida me hacía mal y me daban mucho líquido. Luego vino la decisión de ponerme pañal, una de las cosas más denigrantes que me pasó, pero tenía que ser así, hubieron veces que esperaba hasta 4 o 6 horas hasta que un enfermero me cambiaba y limpiaba, muchas veces mujeres, se pierde hasta la vergüenza, una enseñanza de humildad demasiada fuerte. Sin duda fue algo denigrante para mis costumbres, a lo cual tuve que irme adecuando, empecé erróneamente a dejar de comer para no pasar tanto problema, pero aun así era inevitable.


Luego empezó otro calvario, el estar tanto tiempo acostado, en un catre improvisado, además de lo provocado por las necesidades fisiológicas que pasaban horas sin ser limpiadas, provocaron dolor intenso de espalda y pierna (sumamente intenso), irritaciones, ampollas, muchas veces yo decía a los enfermeros pero me ignoraban pues no podían hacer nada al respecto, pasaba con mucho dolor por horas, me llegaron a salir llagas y morados, para este entonces era imposible que me parara, mis piernas perdieron fuerza, yo había perdido mucho peso. Mi estado era lamentable.


Como guerrero que no se rinde, tuve que ir pensando como sobrellevar la rutina, tratar de sobrevivir en las condiciones que estaba, era algo que no podía cambiar en absoluto, solo sabía que Dios aún me estaba dando una oportunidad y debía seguir luchando y reinventarme con lo que tenía en ese momento, por cierto casi nada.


Seguía sin saber cuántos días llevaba allí, sin saber hora exacta, estimo que tipo 3 am hacia mis necesidades en el pañal, esperando que a las 4 o 4:40 am entraban los enfermeros y así pasaba menos tiempo con el pañal sucio, ese era mi plan, creo que a las 5 llegaban a bañarnos con agua caliente y ya aprovechaba a dormir, quizás unos minutos, porque como mencionaba, a cada rato entraban médicos y enfermeros a pincharme, más pruebas, se juntaban varios médicos a leer tus exámenes e intercambiar opiniones de cómo proceder con cada paciente, en mi caso siempre con oxígeno, cada vez me subían la cantidad, no era capaz de bajar eso, según mis placas tenia destrozado mi pulmón y no había reacción al medicamento, pero los médicos seguían en la lucha, todo pasaba muy lento.


Así transcurrieron muchos días, al fin empecé a mejorar en las placas, pero no me quitaban el oxígeno, estaba atado a eso, me lo quitaba un momento y me ahogaba, seguía acostado, comía poco, pero tenía que comer porque los medicamento podían también dañarme el estómago y otros efectos secundarios.


Dentro de todo esto, cada día pasaba rezando, pidiendo perdón a Dios por tantas cosas, pidiendo la oportunidad de volver a ver a mis seres queridos y amistades, de los cuales casi nadie sabía lo que me pasaba, solo mis amigos del colegio y familia muy cercana, la oportunidad de cambiar algunas cosas por si tenía que partir, pasaban los días y no había mejora física, aunque quizás mi cuerpo seguía luchando, ayudado con los cuidados de los médicos y enfermeros que no se rindieron aún cuando todo pintaba muy mal.


Se decir que mi Fe era fuerte, pero como ser humano empecé a caer, muchas situaciones causaban eso, me invadió la tristeza y el temor, también empecé a conformarme, estaba perdiendo las fuerzas, aunque mi Fe en Dios era grande, entendía que quizás era ya el momento de dejar todo en sus manos, ya mi fuerza era muy poca.


Llegó el momento de más temor cuando una noche, estimo que era como media noche aproximadamente, entró un padre, no se quien lo envió, ni cómo entró hasta allí, fue a orar por los que estábamos allí y a darnos los Santos Oleos, nos bendijo y repetía que era para que nos fuéramos en paz con Dios, eso me aumentó el temor, mi salud empezó nuevamente a decaer los días siguientes.


Yo oraba mucho y pedía perdón por mis pecados y faltas, pedía por mi familia y amigos, creo que pedía más por ellos que por mí, repetía constantemente una oración que aprendí cuando inició la pandemia y me pareció muy indicada y aunque corta muy fuerte…JESUS YO CONFIO EN TI.


Pasaron los días y empecé a mejorar lentamente, aunque lo del oxígeno seguía mal, no lo podía dejar y eso me complicaba avanzar, luego me trasladaron a otra sala donde ya tenía otros cuidados, menos inyecciones y suero, una cama más normal, en la habitación solo habían 2 camas, pero la atención era menor, empecé a recibir terapias aunque aún por el oxígeno seguía amarrado y no tenía tanta fuerza, ya podía ir al baño pero con oxígeno, lo intente sin oxígeno una vez y casi me quedo tirado y ahogado, aún faltaba mucho.


En esos días cuando me sentí solo y apartado, una noche entro un enfermero y me dijo que me habían dejado un paquete, entre algunas cosas de aseo personal, agua pura, venia algo importante, unas hojas impresas con todos los mensajes enviados a un grupo de whatsapp creado para ese fin, en esa soledad lloré al leer cada uno, eran muchos y de tantas personas.

Pasaron los días y gracias a las terapias y fuerza de voluntad empecé a caminar cerca de mi cama, me animaba a caminar en la habitación, ya tenía baño allí cerca, me costaba bastante pero fui progresando, aun me llevaban a bañarme sentado en una silla, pero también me felicitaban por mi esfuerzo cada día.


Poco a poco fui progresando, me informaron que la medicina ya estaba logrando bastante, en realidad tuve suerte que cuando estaba en urgencias entro un medicamento llamado Remdesivir, un medicamento de precio bastante alto, para el cual me hicieron muchas pruebas antes de inyectarlo, las cuales afortunadamente pasé y me pusieron 5 dosis, sumado al resto de medicinas, que al fin rindieron sus frutos, mis pulmones estaban dando señales de recuperarse, aun aparecían daños y el oxígeno seguía conectado.


En su momento, cuando aún estaba en urgencias y seguía teniendo problemas de oxígeno, los médicos ya estaban desesperados y muchos estaban decididos en entubarme, yo me negaba y luchaba porque no sucediera eso, no era mi decisión, pero unos ángeles de bata blanca lucharon para darme la posibilidad de que no sucediera eso, que no me pusieran escafandra tampoco, algo que muy probablemente hubiera sido el final, por los casos que había visto.

Me cambiaron nuevamente a otra sala, habían 4 camas, 3 compañeros nuevos, aquí los enfermeros me ayudaban a ir al baño y también bañarme porque quedaba más lejos, algunas veces sin oxígeno, me costó mucho pero fui superándolo, seguía con las terapias aunque ya hacia bastante, no dejaba el oxígeno y las pruebas de esfuerzo no las pasaba, por tal razón no lograba salir del hospital, ver a mis compañeros de cuarto luchar aun con sus limitaciones, me hizo dar otro empuje, cabe decir que uno de ellos había perdido su pierna pues era diabético, y sin embargo una persona con mucho entusiasmo y ganas de salir.


El me decía que en la mañana fuera a un lugar donde había sol y aire, entre árboles, excelente terapia, en realidad aquí el cuidado ya era poco, creo que era parte de la terapia, ya no había medicina, poco a poco fui soltando el oxígeno, respiraba mejor, tomaba el sol, me cambiaron la comida, me iba a bañar sin oxígeno, al fin ya dormía después de tantos días.


LA SALIDA

Llego el día que me autorizaron la salida, eternos 45 días, no puedo describir la felicidad y agradecimiento, al fin había logrado salir de esa pesadilla, no sin antes haber aprendido muchas cosas, y darme cuenta de la lucha con pocos recursos que hacen nuestro médicos y enfermeros, que también existen personas que les queda grande la profesión, corruptos, prepotentes, afortunadamente muy pocos pero existen, que la vida no es nuestra, que debemos hacer lo mejor posible con el prójimo, dejar orgullos, ser humilde, ser humanos.


AGRADECIMIENTOS


El apoyo incondicional y oraciones de mi esposa (Lisbeth) e hijita (Tania), a quienes debo cada lucha para salir de allí, que aunque no podía hablarles seguido, siempre estaban presentes


Mis suegros (Mario, Martha) cuñados (Edgar, Nolvia, Mery) sobrinos (Mario Jose, Carol, Melanni) y comadre Karlita, por sus oraciones desde Esquipulas, rezando el Rosario aún hasta la fecha, sin duda una bendición enorme

Muchas personas y amigos de Esquipulas por sus oraciones y buenas deseos

Mis amigos del colegio, un grupo increíble de amigos al que es difícil nombrar acá por ser muchos, pero intentaré

( Jorge Mario y familia, Tabarini, Pama, Charly, Jose Raul, Marcelo, Erwin, Tono, Quique, Hector, Danilo, Bin Bin y familia, Sergei, Werner, Loco, Nestor, Neil (el hombre), Moi, Hugo, Tavo, Danny, Avila, Amayer, Efren, Cuyo, Chucho, Licenciado Chino, Walter, Darwin, quienes apoyaron directamente a mi familia y a mi, cada uno mil gracias


Agradecimiento especial a mi médico y amigo Jorge Magariño


Alguien muy querida desde México (Carmen), propietaria de este Blog que me da la oportunidad de contar esta historia y quien también estuvo al pendiente con sus oraciones y dando animo a mi familia,


Muy especialmente a muchas personas anónimas que estuvieron al pendiente mío cuando estuve dentro del hospital, personas anónimas que vieron mi bienestar, revisando mis exámenes, traslados, medicina, las mejores condiciones posibles, etc


Clientes de la farmacia, que se enteraron y dieron su apoyo y oraciones, así como algunos amigos que se extrañaron que había desaparecido y cuando supieron también han orado por mi recuperación y brindado su apoyo moral, Alex, Irene, Deb, Chino, Martha, Beto


Vecinos y junta directiva del edificio Monte Alto, lugar donde resido, quienes también apoyaron a mi familia en todo momento, a todos mil gracias.


Kevin, hermano de mi hija (oportuno y bendecido apoyo, demostrando su aprecio y cariño).

De mi familia directa ( Primo David, Hermano Sergio, Tio Roberto, Tia Celeste, Tia Sofia)




ENSEÑANZA APRENDIDA

· Ser humilde y reconocer que sin la voluntad de Dios no somos nada, no vale dinero, ni posición social, nada, en un momento se escapa la vida.


· Vivir el hoy, sonreir, ser feliz y disfrutar cada instante con lo más impresionante y también lo más sencillo.


· Conocer a las personas, amigos que siempre estarán si son reales, los otros te abandonan.


· Covid existe y nos ha enseñado la importancia de un abrazo, de la naturaleza, de la fuerza humana, unidad, pero sobre todo que hay un Dios.


Las recordadas palabras de un gran amigo, “Dios le daba sus grandes batallas a sus mejores guerreros”, saludo al cielo amigo Sergio Roldan, aún no me toco llegar


Mensaje de los doctores al salir del hospital….” Estando acostado o sintiéndote débil es posible que creas que has perdido tus alas y tu energía para levantar vuelo. Pero estas alas están contigo mientras tengas vida, es parte de tu naturaleza y fuerza vital. Tus alas solo se han replegado temporalmente, cubiertas por un enemigo invisible y por una situación no elegida, sin embargo, espero que no olvides que tus alas siguen estando dentro de ti” Hospital Roosevelt


**NO ESPERES A MAÑANA A DECIR UN TE QUIERO, DAR UN ABRAZO, UNA SONRISA SINCERA, MAÑANA PUEDE SER MUY TARDE **


Relato de Edgar Sajché

Gráfica de Alejandro Gallardo/EyeEm

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