• Al Día en América.

La apuesta del Backside es a los trabajadores y sus familias

Por Jose Neil Donis

Jason Prado (i) y Doris Aguilar bañan uno de los caballos después del entrenamiento durante la semana del Derby. Foto Donis

Louisville KY | Es la época del Derby de Kentucky, y en los establos traseros del famoso hipódromo Churchill Downs, todos están ocupados preparándose para la gran carrera del año. Como cada Derby, miles de personas harán sus apuestas esperando que su caballo sea el ganador.

La gran carrera del Derby es seguida por millones de espectadores alrededor del mundo. A unos pocos los convierte en millonarios y a la gran mayoría los hace soñar con un futuro mejor, aunque el sueño dure tan solo unos minutos.

Del otro lado del hipódromo, está el Backside, o la parte de atrás del hipódromo. En el Backside, están los establos, los pura sangre, y miles de trabajadores inmigrantes que se pasan todo el año, y algunos literalmente toda su vida trabajando duro para tener una vida mejor.

Roberto González, velador en el hipódromo Churchill Downs, en donde trabaja desde casi 30 años. Foto J.Donis


Roberto González, originario de la ciudad de México, lleva casi 30 años trabajando en Churchill Downs.

El terremoto de México de 1985, le hizo buscar nuevos horizontes hacia el norte. Y a pesar de no tener experiencia en caballos, su hermano lo introdujo a este ambiente laboral.


Se mudó a Chicago en donde empezó a trabajar como andador de caballos. Eventualmente llegó a Kentucky en 1993 y comenzó a trabajar en Churchill Downs, y desde entonces es su casa parte del año.

El trabajo no ha sido fácil durante todos estos años, pero después de pasarse tres décadas, tiene el orgullo de haber podido sacar a su familia adelante, aunque ellos vivan en México.

Intentó traerlos a Kentucky para que todos vivieran acá, pero gracias a que él podía

viajar, decidieron que sus hijos crecieran en México.


Hoy González tiene tres hijos ingenieros graduados de la Universidad. Y su esposa le espera cada año cuando regresa. González, como muchos trabajadores, se han logrado beneficiar de los programas del Backside Learning Center (BLC).

“Antes de que empezara el centro, esto prácticamente era como una

cárcel. Uno trabajaba todo el día y luego no había más que ver televisión o juntarse con los amigos a jugar algo o platicar. Pero desde que comenzó el centro, esto tomó vida y cambió.


Ahora es como que somos una gran familia, todos nos conocemos y el centro apoya mucho a las familias. Y gracias a que logré aprender inglés, también pude mejorar y sentirme mejor. Antes uno se conformaba por ejemplo con ir a la tienda y comprar algo ya empaquetado. Uno no podía ni ordenar un kilo de carne por ejemplo. Pero hoy ya no. Ahora me siento más independiente”, nos comparte Roberto sobre su experiencia en el Backside.

González trabaja de noche como velador para el entrenador James Baker y también es voluntario en el Backside Learning Center. Enseña a niños de otras familias de trabajadores a jugar ajedrez durante los programas extra escolares. Eso es algo que le llena de satisfacción, comenta González.

Caminando por los establos nos encontramos a Jorge Contreras, originario de Guatemala. Con aspecto joven y sonriente, lleva ya varios años de su vida en el hipódromo. Sus hijos nacieron en Louisville y no hace mucho compró su primera casa.

Jorge Contreras, trabaja como foreman en Churchill Downs.

“Yo sé que uno se va superando acá. Pero hay que trabajar duro. Con la ayuda que dan uno poco a poco va mejorando. Yo empecé desde lavar y bañar caballos, caminador de caballos y ahora soy foreman (supervisor) y tengo varios trabajadores bajo mi cargo. Cuando la patrona se dio cuenta que yo le entendía, poco a poco me fue dando más trabajo. Es bueno porque van confiando más en uno”, dice Contreras.


Sus tres hijos también han podido beneficiarse de la ayuda del BLC, ya que asisten a los programas extra escolares. “Imagínese uno trabajando todo el día, y con las tareas de los niños, es difícil”, dice Contreras, quien trabaja los siete días de la semana todo el día.


El Backside Learning Center ha sido, desde el 2004, un lugar en el que los miles de trabajadores han encontrado una apuesta segura por un futuro mejor en sus vidas. “La gran mayoría de los

trabajadores pasan años y algunas décadas trabajando con los caballos, y el poder aprender inglés y tener un centro para apoyar a las familias ha sido instrumental para muchos”, dice Minerva Virola, que trabaja como asistente directora del BLC.


De izquierda a derecha, Sherry Stanley, (Directora Ejecutiva), Minerva Virola (Asistente), Lauren DeGeorge (Directora de Programas), Eva Vislisel (Desarrollo), en frente Peyton Hobson (Comunicaciones), Karla Villa (Operaciones y Apoyo). Foto Jose Donis /alDía en América


El centro es un lugar que ayuda a los trabajadores a dar su siguiente paso en sus vidas, a través de clases de inglés, tanto para adultos como para niños y apoyándolos con sus familias. “La idea es empoderarlos para que se valgan por si solos. La idea es que con los programas, aprendan a independizarse”, explica Virola.

“Y creo que les gusta, porque se nota la felicidad de una persona cuando se da cuenta que puede hacer las cosas por si sola sin depender de otros. Por ejemplo les enseñamos a que tomen el bus y vayan de un lugar a otro, en lugar de llevarlos nosotros”.

Con la ayuda de voluntarios, el Backside ayuda a las familias de los trabajadores con programas extra escolares para los niños y niñas. El apoyo a las familias es muy importante, porque los trabajadores aunque tienen su sede en Churchill Downs, cada invierno se van a otros hipódromos y dejan a las familias en Louisville.

El centro trabaja con otras instituciones que colaboran con la comunidad inmigrante como Americana y La Casita Center, para conseguir empleos y otras necesidades, como documentos, traducciones, y otros. Y en este año, con las pruebas y las vacunas del COVID.

Con el trabajo de muchos voluntarios, donaciones y los programas educativos, el Backside Learning Center, desde atrás del escenario de Churchill Downs, apuesta por un futuro mejor para todos los trabajadores y sus familias.

Churchill Downs tiene aproximadamente mil trabajadores, más sus familias. Cerca del 80% son originarios de Guatemala, el resto de México, Colombia y otros países. Pero casi todos son inmigrantes. Cada invierno los trabajadores se van a otros hipódromos en el sur del país y sus familias se quedan en Louisville esperándolos para la próxima temporada.


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