• Francisco Miraval

¿Desesperación en la cuarentena? inmigrantes en santuario ofrecen consejos

(CO), 27 mar (EFE News).- Pocos saben cómo lidiar con el estrés y la ansiedad que genera un confinamiento como el que sufre ya una tercera parte de la población de Estados Unidos que aquellos que han pasado meses y meses en "santuario" para evitar su deportación. Dos indocumentadas ofrecen consejos para sobrellevar el encierro. Una de ellas es la mexicana Rosa Sabido, en santuario en la Iglesia Metodista Unida de Mancos, una pequeña localidad al sur de Colorado y adonde se refugió en julio de 2017, tras 33 años en el país y 10 de infructuosas gestiones para regularizar su situación migratoria. "Sé que les está siendo difícil para las personas en cuarentena entender lo que les está pasando, porque al principio yo no entendía lo que a mí me estaba pasando. La gente venía a verme y me decían que yo era muy fuerte. Pero no lo soy. La fortaleza surge de las tormentas que enfrentamos en la vida", dijo Sabido a Efe. "La fortaleza es saber que lo que buscamos va más allá que salir del encierro", agregó la mujer de 65 años. Dijo que la principal transformación que experimentó a nivel personal fue dejar de negar lo que le sucedía y aceptar la nueva realidad de su vida. "Tomar consciencia que ya no estoy en control", especificó. Por su parte, la hondureña Vicky Chávez, desde 2018 protegida de las autoridades migratorias en la Primera Iglesia Unitaria de Salt Lake City, en Utah, acompañada por sus dos hijas de 9 años y 3 años. señala que un "santuario" no es el mejor lugar (Sabido incluso dice que la soledad se vuelve peligrosa), pero sostiene que se pueden sacar lecciones positivas. El encierro, que debe ser físico, no "emocional", les ha enseñado a aceptarse, les ha dado tiempo para nuevas habilidades, como el tejido o ponerse al día en informática. Chávez resalta además que quienes ahora se ven obligados a quedarse en sus casas pueden comenzar a entender con mayor profundidad la experiencia de los inmigrantes en santuario. "ACEPTAR Y ENTENDER" Ese proceso de "aceptar y entender" que señaló Sabido tiene que ser similar al proceso que atraviesan los que están en cuarentena, con la diferencia de que ella no controla las actividades del recinto, quien entra o sale del lugar. "La persona que entra en santuario no es la misma que la que sale del santuario. Aquí aprendí a dejar de lado el pasado tóxico, a volver a mí misma", expresó la mexicana. Estar en cuarentena también ofrece la posibilidad de "separarnos de algo tóxico", y no solamente de un virus sino también de otros flagelos sociales a los que tampoco se les presta atención hasta que comienzan a causar grandes estragos, como la criminalidad y el hambre. Sabido considera que el santuario le enseñó lo que muchas personas ahora están aprendiendo en cuarentena: poner al ego en su lugar ("sentirse vulnerable") para que "surja algo nuevo y diferente": la tranquilidad y la esperanza que reemplazan al pánico y la incertidumbre. "Santuario ni es un privilegio ni un juego. La iglesia es un lugar público y, por tanto, por la cuarentena ahora permanece cerrado. Yo ya no tengo contacto directo con otras personas, excepto con el pastor (Craig Paschal)", explicó Sabido. "En santuario, me impulsa la esperanza de que un día se haga justicia. En cuarentena, me mueve la esperanza de una vida sana y victoriosa. La comunidad me apoya y yo apoyo a la comunidad. En esa unidad crece la esperanza", agregó. EN ESPERA DE LAS CAMPANAS Así como muchas personas ya hacen planes para celebrar el día que se levante la cuarentena, Chávez imagina el día en que podrá celebrar su salida del santuario. "Las campanas de la iglesia sonarán y yo podré volver a vivir una vida normal con mis hijas", declaró. Pero hasta entonces seguirá en santuario, dijo, por el mismo motivo que las personas siguen sus casas: "Proteger a mi familia y mantenernos a salvo". El santuario le enseñó a mantenerse ocupada en un lugar reducido, a "aceptarse" y adquirir nuevas habilidades, desde crear muñecos con hilos de lana hasta preparar distintas clases de tamales. Pero, pese al respaldo de la iglesia y la comunidad, "la nueva vida no es fácil". "Tuve que dejar mi pasado para seguir dándoles amor a mis hijas", indicó, subrayando que "el peor error" es transformar un encierro físico en uno psicológico y emocional. Por eso, entre sus nuevas habilidades aprendió a usar la tecnología no solamente como herramienta de comunicación, sino también de aprendizaje. En definitiva, dijo, ni el santuario ni la cuarentena deberían alejarnos de la meta por la que muchos inmigrantes decidieron venir a Estados Unidos: proveer una vida feliz a sus hijos. "Cuando termine la cuarentena la gente estará agradecida y recuperará su libertad. Pero para mí y mi familia el encierro continuará. Mi esperanza es que nosotros también un día podamos volver a una vida normal fuera de la iglesia", expresó. Para el pastor Paschal, de la iglesia donde se aloja Sabido, tanto el santuario como la cuarentena significan "dejar de lado algunas libertades personales por un tiempo en favor de una libertad futura mayor y por un propósito mayor". En específico, "voluntariamente reducimos nuestra libertad por el bien de los otros", expuso. "Al quedarnos en nuestras casas, limitamos la difusión del virus. Y al tener a Rosa en santuario, fomentamos la difusión de la necesidad de una reforma inmigratoria. Eso es a lo que llamamos amor", aseveró. EFE News

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