• Jose Neil Donis

Inmigrantes refugiados hacen parada en Louisville todos los días


Louisville KY.- Cada día, en la estación de camiones Greyhound del centro de Louisville, un autobús por la mañana y otro por la tarde transporta a decenas de inmigrantes refugiados que han sido liberados de las cárceles de inmigración en la frontera. Su destino final varía, New Jersey, Washington, DC, y otras ciudades, en donde familiares o amistades les esperan.

A su llegada tendrán que reportarse de nuevo a las oficinas de inmigración y continuar el largo proceso de solicitar asilo como refugiados. La mayoría de los inmigrantes son originarios de distintos países de Centroamérica. 



Entre ellos también van pequeños niños que sonríen tímidamente mientras agarran firmemente la mano de sus padres o madres.
Las caras de todos ellos reflejan el sufrimiento que han pasado en los últimos meses. Sus miradas van perdidas en el suelo de la estación, mientras los altavoces anuncian el siguiente camión hacia destinos desconocidos en donde habrá más frío, confusión, pero también la esperanza de que su caso de asilo se pueda resolver.



Marcos Noriega, originario de Petén Guatemala, nos comenta que debido a la pobreza y el tratar de buscar una mejor vida para la familia son de las causas principales por las que decidió emigrar. Él se dirige a una ciudad del Este en donde tiene familiares y conocidos en donde se podrá alojar y continuar su caso de inmigración. Le acompaña su pequeño hijo de apenas cuatro años. Martha, por su parte, acompañada de su pequeño hijo, sonríe porque ya logró comunicarse con su hermano utilizando un celular prestado. Ella espera encontrarse muy pronto con él. Le acompaña también el pequeño que sonríe mientras juega con uno de los juguetes que le acaba de obsequiar una de las voluntarias.

La mayoría de los inmigrantes prefieren esperar en silencio el siguiente camión.


Un poco de alivio y una sonrisa de bienvenida


A la espera de los inmigrantes está un grupo de voluntarios del grupo las “Abuelas Responden” (Grannies Respond) que se encarga de darles acompañamiento en cada parada que los camiones van haciendo en su recorrido desde la frontera hasta ciudades del norte y el este del país. 

El Padre Jim Flynn, se encarga de coordinar y asegurarse que cada vez que un grupo de inmigrantes desciende del camión, los voluntarios los reciban con una sonrisa de esperanza y una mesa con comida y cosas que les puedan servir en el camino. Juguetes para los pequeños, zapatos, colchas o abrigos para el frío. “Cada persona tiene una historia diferente. Aquí estamos y lo primero que hacemos es tratar de ganar su confianza, pero es difícil para ellos explicar todo lo que les ha sucedido”, explica el Padre Flynn. “La palabra más común es difícil y algo muy duro cuando las personas se refieren a lo que han sufrido. Les damos agua, comida, medicina, chamarras y mantas nuevas”. “No sabemos hasta cuándo seguiremos haciendo esto. Lo seguiremos haciendo mientras los inmigrantes sigan pasando por acá. Pero lo que me ha impresionado es la pobreza de la gente. Son gente sencilla que ha sufrido mucho. No son terroristas. Es gente muy amable y sencilla”, añade Flynn. El movimiento de las “Abuelas Responden” continua de esta forma, la labor que iniciaron en el verano de este año. Cuando en caravana cientos de ellas se dirigieron hacia la frontera para protestar por el abuso, maltrato y la separación de familias que los inmigrantes enfrentan al cruzar la frontera.


En su inicio, un grupo de abuelas se reunieron en Beacon New York, para ir juntas a la frontera y tratar de hacer ‘algo’ después de escuchar las noticias terribles, sobre todo de los pequeños niños, que estaban siendo separados de sus padres y puestos en pequeñas carceleras que asemejaban jaulas, como si fueran animales.

Las “Abuelas Responden” se volvió un movimiento nacional, y caravanas de camiones salieron de varios destinos y se encontraron en McAllen, Texas para protestar frente a las cárceles.

Desde entonces el movimiento continuo y ahora, con la ayuda de voluntarios, reciben a los inmigrantes en varias de las estaciones de camiones, para darles acompañamiento y una sonrisa de esperanza. Cuando llega la hora de partir de la estación de camiones, debido a que nadie habla inglés, el Padre Jim los encamina a la puerta de salida y les interpreta los avisos que anuncian la partida de su camión hacia su próximo destino, en donde otros voluntarios les recibirán.

Al Día en América.

#GranniesRespond