• Por Priscilla Gac-Artigas

Ayer fue mi graduación: a propósito de otra massacre escolar en EEUU

"Al menos ocho muertos en la masacre de Santa Fe, Texas" leía el titular del New York Times el 18 de mayo.

"El número de muertos llega a 17 y podría aumentar en la masacre en una escuela secundaria en Florida", habían reportado tres meses antes, el 14 de febrero, con respecto a la masacre en la escuela secundaria de Stoneman Douglas.

Y así innumerables veces en lo que se ha convertido en el pan cotidiano en los Estados Unidos.

Como de costumbre, saldrán comunicados lamentando la muerte de estudiantes a manos de otros estudiantes, se orará en casas e iglesias, algunas casas se sentirán vacías por más que se diga que estamos con ellos, el dolor y el miedo se reflejará en los ojos de jóvenes estudiantes, los políticos harán compungidas declaraciones, alguien se preguntará, ¿cómo pudo suceder en nuestro pueblo?

¿Y las armas? Una vez más se invocará el derecho sagrado a poseer armas de destrucción masiva, armas de guerra en manos de civiles y de niños, y en nombre de ese derecho un día escucharemos "noticia de última hora: nueva masacre en ?" y algún padre se preguntará ¿cómo es posible? Y el tiempo pasará y las armas se silenciarán por unos meses, unas semanas, unos días, hasta que otra vez su mensaje de muerte se haga oír y las balas desgarren las carnes de nuestros hijos.

Poema

Hay veces en que las palabras no bastan, pero hay veces en que las palabras cobran un nuevo significado, sobre todo cuando son las palabras de jóvenes estudiantes.

En mi clase de español, "Escribir para el cambio" en Monmouth University, New Jersey, exploramos una nueva metodología de lectoescritura: se escogía un tema, se leían textos y se escuchaban canciones relacionadas al mismo y se estudiaban cuadros que pudieran expresarlo de manera visual. Los alumnos discutían, expresaban sus opiniones y luego escribían, fuera individualmente, fuera colectivamente para expresar sus ideas, no la de uno, no la de dos, la de todos, para hacer oír sus voces; escribían para el cambio y proponían su visión al resto del curso.

De esta aproximación a la escritura nació "Ayer fue mi graduación".

Frente a sus voces y dolor, guardo silencio.

Ayer fue mi graduación

Odalis Caraballo (Puerto Rico), Valentina Sánchez (Venezuela), Kilber Ruiz (El Salvador), MU clase 2019

Ayer fue mi graduación, pero no pude asistir.

El traje que iba a usar para el baile, sigue tendido en mi cama.

La beca completa que recibí, se la darán a otro estudiante.

Los planes de estudiar medicina, se fueron a la basura.

Ayer fue mi graduación, pero no pude asistir.

Mi escuela, mi lugar favorito, mi lugar seguro.

Lleno de amigos y maestros.

Aquí siento todo el amor y respeto del mundo.

Si todo el mundo fuese como mi escuela, sería un mundo de paz.

Mi escuela, mi lugar favorito, mi lugar seguro. ¿Mi lugar seguro?

¡Pun! ¡Pun!

¿Qué fue eso?

¡Pun! ¡Pun!

El sonido de un arma

¡Pun! ¡Pun!

Instrumento de la muerte mía.

Mi escuela, mi lugar favorito, mi lecho de muerte.

Lleno de la sangre de los 17 cadáveres.

Aquí siento todo el temor y vulnerabilidad del mundo.

Mi escuela, mi lugar favorito, mi lecho de muerte.

Ayer fue mi graduación, pero no pude asistir.

Encima del pupitre en el cual por tantos años me senté,

quedaron mis ilusiones aplastadas

como mis sesos quedaron en el suelo.

El derecho de portar un AR15 valió más que mis planes.

Más que mi futuro.

Más que mi vida.

Ya no tengo nombre, solo soy un número: víctima número 33.000.

El escudo de oraciones que me mandaron,

se rompió con el golpe de la primera bala.

Ayer fue mi graduación, pero no pude asistir.

Priscilla Gac-Artigas, profesora de literatura latinoamericana en Monmouth University (NJ), es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE).

(Las columnas de opinion son pensamiento de los autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de éste medio de comunicación)

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