• por el P. Jaime Flynn

Una reflexión sobre el Viernes Santo y una ley


Opinión |

Cada Viernes Santo, los Cristianos escuchan la historia-cuento del juicio de acusaciones falsas que provocaron la crucifixión de Jesús. Es el narrativo famoso del Evangelio según San Juan.

Jesús estuvo delante Pilato, el Gobernador Romano, que tuvo el cargo del Cesar de Roma para mantener la paz imperial en este lugar tan lejos de Roma llamado Palestina, y su ciudad capital, Jerusalén.

Según el Evangelio de San Juan en este “juicio” en contra a Jesús los guardias del Templo junto con los jefes de los sacerdotes gritaron: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!

A pesar de estos gritos, Pilato anunció que no había encontrado ningún caso o falta contra Jesús. Pero esa gente tan de la ley insistió: “Tenemos una ley, y según esta ley debe morir, pues se ha proclamado el Hijo de Dios”.

¡Tuvieron una ley! ¡Para aquellos esta “ley” era suprema! ¡Ninguna desviación! Esta “ley” se debía de obedecer aunque significaba la crucifixión de Jesús de Nazaret quien no tenía ninguna falta o caso en su contra. Sin embargo, esta gente tenía una ley que se debía ejecutar sin importar si El era el Hijo de Dios.

¡Cuanta gente de Viernes Santo ha oído este cuento repetidas veces!

¡Cuanta gente, este Viernes Santo ha sentido que ésta “ley” era muy injusta contra Jesús!

¡Cuanta gente el Viernes Santo ha rechazado esa ley de los guardias y los jefes de los sacerdotes con la que demandaron la muerte de Jesús!

¡Cuanta gente de Viernes Santo rechaza ese llamado hipócrita a obedecer una "ley" y profean que si hubieran estado presentes en la época de Jesus, hubieran escogido desobedecer esa "ley"bajo esas concidiones!

Después de 2,000 años es muy fácil imaginarse así mismo, como defensor de esta víctima (Jesús) en este juicio falso y los horrores de la crucifixión posterior.

Después de tanto tiempo en la distancia es fácil preguntarse ¿por qué estos soldados que llevaron a cabo la crucifixión no desobedecieran esa “ley”? – “ley” que crucificó una víctima tan inocente.

Sin embargo, 20 siglos más tarde, a menudo se oye alguna gente de Viernes Santo que habla palabras similares sobre las numerosas víctimas de México, Central America o países Musulmanes: “tenemos una ley, y bajo esta ley deben ser deportados”.

Para muchas víctimas, el ser deportados significa regresar a las condiciones de las cuales huyeron, condiciones que conducirían a su muerte.

¿A Cuánta gente de Viernes Santo se vendría bien ponerse en los zapatos de la mayoría de los inmigrantes y refugiados: víctimas de las condiciones económicas, sociales y políticas que las han dejado sin otra opción más que la de romper alguna "ley" al emigrar?

¿Cuando los trabajos se acaban o cuando las condiciones son imposibles de sostener, ¿Cuál persona en Viernes Santo no decidiría romper alguna “ley”?

Las palabras “tenemos una ley, y según esta ley El (Jesús) debe morir” hacen eco en las palabras de mucha gente que dicen: “tenemos una ley, y según esta ley deben de ser deportados….”

Cuando una ley o unas leyes es o son superiores a las necesidades vitales de los seres humanos en situaciones tan difíciles tales leyes están fuera de sincronía con los valores del Evangelio.

¡Qué ese grito inolvidable del Evangelio de San Juan de Viernes Santo desde hace mucho tiempo no resuene más ni en los corazones, ni en las voces, ni en los actos de los oyentes de hoy!


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